Siempre soñé de chica con cumplir quince años. Me compraba las barbies con el vestido blanco, largo. Los zapatitos de cristal y la coronita. Me imaginaba entrando a un salón enorme en el cual estaría toda la gente que quisiera, con mi canción preferida (en ingles, obvio). A medida que fui creciendo ese sueño se hacia mas intento, hasta que conocí un salón que me impactó. Cuando lo vi apenas tenia 11 años, aún faltaban 4 años para la fiesta. Sin embargo, le dije a mi mamá que ahí era donde quería hacerla. Pero luego la vida me jugó una mala pasada. Las cosas se complicaron y nunca imaginé que iba a llegar el día en el cual diga hoy faltan dos meses, hoy falta un mes, etc. Tampoco que ella iba a estar conmigo, decidiendo dónde lo haría, cómo sería mi vestido que siempre había imaginado, entre otros detalles. Lo único que hice fue llorar, y aceptar que nada iba a ser igual desde entonces. Pero luego la vida me jugó una buena pasada. Ella se quedó conmigo, no se fue, y nuevamente volví a imaginar esa nocha. Ahora más que nunca quería hacer mi fiesta, quería disfrutarla a full porque tal vez sea uno de los últimos recuerdos, como tal vez no. Creo que ya estoy grande y puedo aceptar las cosas como son. No es fácil, pero la vida es así. Y hoy, gracias a Dios, puedo decir que ella esta conmigo y quiero que esa noche sea única e inolvidable, porque hoy puedo decir: FALTA UN MES SEÑORAS Y SEÑORES!


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